La lucha por pasar
Universidades de Latinoamérica
Si tan solo un mayor número de instituciones de educación superior de la región fueran como la Universidad de Sao Paolo
Latinoamérica presume de algunas de sus gigantes universidades, entre ellas unas cuantas venerables como la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las cuales, cuentan con matrículas de cientos de miles de alumnos; mientras que la Universidad de San Marcos de Lima, a pesar de haber sido fundada desde 1551, no es sinónimo de excelencia en educación superior. Los resultados en investigación no han sido impresionantes, las técnicas docentes son anticuadas y los estudiantes abandonan los estudios por manadas. Estas debilidades sí cuentan, considerando el crecimiento tan acelerado de las economías, el cual está marcando el aumento en la demanda de educación superior en Latinoamérica; por esta razón se ha generado una gran cosecha de nuevas universidades. Ahora, por fin, se están enfocando esfuerzos para evaluar la calidad de la enseñanza de nivel superior en Latinoamérica.
El pasado 4 de octubre, Quacquarelli Symonds, una consultoría de educación, publicó el primer ranking de Universidades Latinoamericanas, en base a una combinación de indicadores que miden la reputación, resultados de investigación, certificaciones académicas, cantidad proporcional de estudiantes y personal de la universidad. De las 200 mejores universidades en América Latina, 65 se encuentran en Brasil, 35 en México, 25 en Argentina, 25 Chile y 20 en Colombia (ver la tabla del top 10). La Universidad de Sao Paolo (USP), la institución educativa más grande y más rica, ubicada en estado más rico de Brasil, subió al primer lugar.

Esta semana la USP tuvo más aplausos, al convertirse en la única universidad latinoamericana que logró figurar dentro del ranking de las 200 mejores universidades del mundo, en otra de las listas más vistas, la cual es publicada por el Times Higher Educaction, un semanario británico especializado. La USP obtuvo el lugar 178 este año (subió al 178 del lugar 232 en el que se encontraba el año pasado). Financiada y apoya por el gobierno del estado de Sao Paolo, el salto de la USP en el ranking, también ha sido resultado del gran aumento de la recaudación de fondos por parte de la iniciativa privada, así como, por la colaboración y reconocimiento internacional. También llevó a la institución Latinoamericana a figurar en otra lista, recopilada por la Universidad de Jiao Tong de Shangai, calificando en el lugar 101 y 150 de dicho ranking del clúster. Esta lista está enfocada principalmente en el área de investigación científica; la USP se está volviendo líder mundial en Medicina Tropical, Parasitología y Biocombustibles.
Ninguna Universidad en Latinoamérica se puede igualar a la USP. Las otras instituciones líderes que hay en la región son una mezcla de universidades públicas tradicionales (la Universidad de Chile, por ejemplo), y de instituciones Católicas o laicas sin fines de lucro, tales como, la Universidad de Los Andes en Bogotá y el Tecnológico de Monterrey.
Los rankings de Universidades generalmente pasan por alto la evaluación de importantes factores difíciles de medir, como la calidad de la enseñanza y la atmósfera dentro del campus. Generalmente dichos rankings se enfocan calificar a las universidades más grandes, ya que tienden a ser más conocidas y a producir más investigación. (Este factor debió haber ayudado a la puntuación de la Universidad de Buenos Aires, considerando que sus días de gloria han quedado atrás). De cualquier manera, las características principales que llegan a captar y reflejar cada uno de estos rankings cuentan. Cada uno de ellos, con su propio estilo, intenta identificar indicadores clave de excelencia e innovación. Cuando los resultados de los diferentes rankings coinciden al calificar a una universidad como una institución con un nivel de superioridad en Latinoamérica, como es el caso de la Universidad de Sao Paolo, vale la pena tomar nota.
Estos rankings regionales también podrían romper con el aislamiento, que ha caracterizado a la academia latinoamericana por mucho tiempo. “A lo largo de la región, los buenos estudiantes son reclutados para laborar dentro las facultades donde cursaron sus estudios, en lugar de incentivarlos con apoyos para que se vayan y amplíen sus horizontes”, dice Jamil Salmi, especialista en educación superior, del Banco Mundial. “Además, hay cierta hostilidad a siquiera considerar la contratación de personal extranjero para formar parte del profesorado”.
En muchas universidades públicas latinoamericanas, los estudiantes no pagan nada por sus estudios, el personal es sindicalizado y los currículums están desfasados y politizados. Las buenas prácticas de enseñanza y los méritos académicos por investigación no son reconocidos, no reciben fondos extra de apoyo para realizar estas actividades, ni ofrecen ascensos laborales; además las instituciones no pierden dinero si sus alumnos se salen de las universidades. A excepción de las universidades de Brasil, la mayoría de los maestros en las facultades, son trabajadores de medio tiempo sin un nivel de Doctorado.
En las últimas tres décadas, los gobiernos han aceptado la gran expansión que se ha venido dando en la recaudación de fondos provenientes del sector privado, muchos de éstos, de parte de organizaciones con fines de lucro. Esto ha permitido que se expanda la educación superior rápidamente sin gastar más, sin embargo ha faltado definir el criterio e indicadores para ser una universidad de calidad, dice Francisco Marmolejo, un Consultor mexicano de administración de universidades. El resultado es, que no se cuenta con mecanismos que garanticen la calidad educativa, y los que existen son débiles. Los estudiantes de bajos recursos, usualmente terminan asistiendo principalmente a pésimas escuelas públicas, quienes terminan recibiendo una educación de baja calidad y pagando injustamente las consecuencias de un sistema deficiente.
Hasta el momento ningún país de la región ha realizado un análisis satisfactorio en cuanto a la proporción y nivel de gasto, haciendo un balance entre el número total de estudiantes y ciudadanos que pagan impuestos.
El gobierno de Chile actualmente está sufriendo las consecuencias. Meses de protestas de los estudiantes debido al costo exorbitante de las universidades de paga, han provocado que la popularidad del Presidente Sebastián Piñera, haya caído en picada. El sistema educativo del país, desde la primaria hasta la educación superior, es probablemente, el mejor de la región. Sin embargo, Chile tiene los niveles más bajos en recaudación de fondos públicos y con las carreras profesionales más largas, además no cuentan con un sistema integral para dar becas a estudiantes o para obtener préstamos subsidiarios. Si a toda esta mezcla le agregamos un mercado laboral contraído, ésta se convierte en combustible.
En Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez, ha expandido la cobertura de educación superior, forzando a sus universidades a aceptar un aumento masivo de estudiantes, y preparando un enorme acceso abierto a las instituciones, a la “Universidad Bolivariana”. Esta universidad, la cual, se supone que a través del tiempo ha llegado a tener alrededor de 200 campus. El resultado, dice el Sr. Marmolejo, es “una bomba de tiempo”. “Instituciones Improvisadas; sin infraestructura; 300 estudiantes tomando clase en aulas en las que antes se impartía clase sólo a 15 estudiantes. Terminas creando un sistema en el que cientos de miles de personas tienen una carrera profesional sin ningún valor”.
Si las universidades latinoamericanas tienen como objetivo llegar a prosperar su nivel de regulación debe reformarse de fondo, opina Philip Altbach, director del Centro Internacional para Educación Superior, de la Universidad de Boston en los Estados Unidos de América. “En la mayoría de los países, las universidades públicas más importantes son muy grandes para ser gestionadas apropiadamente”, dice Altbach. Crear una universidad moderna de clase mundial requiere flexibilidad para contratar personal docente y administrativo, tener un sistema de ascensos laborales y pagos justos, en lugar de manejarse con los reglamentos rígidos que son comunes en Latinoamérica.
El contar con mecanismos más fuertes que garanticen la calidad educativa y un financiamiento más equitativo para estudiantes, también haría la diferencia, dice Andreas Schleicher de la OCDE, una organización representada principalmente por países ricos. Él se muestra optimista de que la superioridad en aumento que ha demostrado la Universidad de Sao Paolo, podría mostrarle el camino al resto de Latinoamérica. “Nadie en los Estados Unidos de América trata de comprender lo que la hace una gran universidad; simplemente buscan la referencia de la Ivy League (grupo de universidades más prestigiadas en el país)”, dice Schleicher. “Es muy importante contar con grandes instituciones, ya que éstas definen el éxito”.
Fuente: Revista The Economist (Octubre 2011)
http://www.economist.com/node/21531468
Economía Estatal
| Total de trabajadores registrados ante el IMSS en Sinaloa a Abril de 2012 | 393,037 |
| Crecimiento del PIB en Sinaloa en el 2010 (según Precios Constantes:175 mil 180 MDP) | 5.55% |
| Inflación en Sinaloa al mes de Diciembre 2011 con respecto a Diciembre 2010 | 4.39% |
| Ingresos por Remesas Familiares en Sinaloa 2011 | 510.2 MDP |

